El enemigo invisible: cuando el estrés comienza a gobernar tu vida
Muchos lo conocen como ansiedad. Y, en cierta medida, el estrés cumple una función útil: aumenta la adrenalina y nos mantiene alertas cuando enfrentamos situaciones que requieren concentración o rapidez. En pequeñas dosis, puede ayudarnos a reaccionar y a lograr objetivos.
El problema aparece cuando deja de ser momentáneo y se convierte en un estado permanente.
Entonces el cuerpo comienza a pagar la factura.
El estrés prolongado suele manifestarse con problemas para dormir, miedo constante al futuro y una sensación de inquietud que nunca desaparece. Con el tiempo puede abrir la puerta a trastornos más serios, como la depresión.
Señales de que el estrés está dominando tu vida
El cuerpo siempre habla, aunque a veces no queramos escucharlo. Algunos síntomas frecuentes son:
• Miedo o inquietud constante
• Agitación y nerviosismo
• Insomnio
• Temblores o cansancio excesivo
• Palpitaciones o sensación de martilleo en el pecho
• Zumbidos en los oídos
• Presión arterial elevada
También se manifiesta en el comportamiento cotidiano. Las personas con altos niveles de estrés suelen:
• Moverse con rigidez o rapidez excesiva
• Hablar con tono agudo o acelerado
• Tener poca capacidad de atención
• Cambiar constantemente de tema en una conversación
• Mostrar hostilidad o explosiones de enojo
• Consumir más café, tabaco o alcohol
Además, aparece una necesidad obsesiva de hacer todo deprisa: subir escaleras de dos en dos, realizar varias tareas al mismo tiempo o desesperarse cuando alguien habla con calma.
Cuando la preocupación se vuelve enfermedad
Existe un punto en el que la ansiedad deja de ser una reacción normal y se convierte en un trastorno de ansiedad.
Su característica principal es la preocupación excesiva por problemas que, en realidad, no son tan graves.
Puede hacerse algunas preguntas sencillas:
• ¿Mi preocupación es desproporcionada respecto al problema?
• ¿He vivido con esta ansiedad durante más de seis meses?
• ¿Estoy preocupado por varias cosas al mismo tiempo?
• ¿Paso horas pensando en lo mismo?
• ¿Tengo más pensamientos negativos que positivos?
Si respondió sí a varias de estas preguntas, es probable que el estrés esté ocupando demasiado espacio en su vida.
Ataques de pánico: cuando el cuerpo cree que está muriendo
Los ataques de pánico pueden ser especialmente aterradores. Quien los sufre suele pensar que está a punto de morir.
Los síntomas pueden incluir:
• Mareos
• Dificultad para respirar
• Sensación de sofoco
• Presión en el pecho
• Hormigueo en los dedos
• Latidos intensos del corazón
Muchas personas acuden a urgencias convencidas de que se trata de un infarto, y a menudo los médicos no encuentran ninguna enfermedad física. Aun así, si estos síntomas aparecen, siempre es prudente consultar a un médico.
El estrés agrava cualquier enfermedad
El estrés no solo afecta el ánimo. También empeora cualquier padecimiento físico.
En algunos casos extremos pueden aparecer síntomas más complejos, como pensamientos obsesivos o conductas repetitivas —por ejemplo, la necesidad de lavarse las manos constantemente— que requieren tratamiento especializado.
Cómo empezar a bajar el estrés
La buena noticia es que existen muchas maneras de recuperar el equilibrio.
Algunas estrategias sencillas pueden marcar una gran diferencia:
• Escriba sus pensamientos negativos en una libreta y revíselos cada quince días.
• Rodéese de ambientes tranquilos y positivos.
• Escuche música relajante o instrumental.
• Haga ejercicio con regularidad.
• Permítase reír con frecuencia: la risa es una poderosa medicina.
• Tome pequeños descansos durante el trabajo.
• Visite la naturaleza cuando sea posible: la playa o el bosque ayudan a calmar la mente.
• Encuentre un pasatiempo: bicicleta, montaña, música o teatro.
• Vaya al cine, camine, respire.
También es importante comer con calma y cuidar la alimentación. Frutas, verduras y una dieta equilibrada pueden mejorar notablemente el bienestar.
El tabaco y el alcohol pueden dar una sensación momentánea de calma, pero a largo plazo empeoran el estrés.
Otras herramientas útiles incluyen:
• ejercicios de respiración
• yoga
• masajes terapéuticos
• medicina natural o complementaria
Si el problema se vuelve intenso, acudir a un psicólogo puede ser una decisión fundamental.
El riesgo de ignorarlo
El estrés crónico no es un simple malestar pasajero. Puede contribuir a enfermedades graves como:
• hipertensión
• infartos
• derrames cerebrales
• embolias
Por eso es importante actuar a tiempo.
A veces basta con algo tan simple como media hora de ejercicio al día para empezar a cambiar el rumbo.
Porque hay una verdad que muchas veces olvidamos:
Lo más importante es usted mismo.
Si no se cuida,
si no se protege,
si no se escucha…
¿quién lo hará?
Nadie.
Hasta la próxima.
Paty Coen

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